
De sorprendente y llamativa arquitectura, en la que las líneas rectas y geométricas se imponen, la bodega Pago de Vallegarcía despierta la curiosidad del visitante que no espera un edificio de corte tan moderno y funcional pero perfectamente integrado en las estribaciones de los Montes de Toledo que le acogen. Una enorme extensión de terreno ubicada entre la fosa del Tajo y la depresión del Guadiana, muy cerca del Parque Nacional de Cabañeros. El impulsor de esta bodega de reciente construcción es el conocido empresario Alfonso Cortina, que contó con el apoyo de su amigo, Carlos Falcó, Marqués de Griñón, para poner en pie el negocio y fue quien le presentó al enólogo Ignacio de Miguel. En el año 1999, tras adquirir unas excelentes tierras en Retuerta del Bullaque, en la provincia de Ciudad Real, se plantó un viñedo de 29 hectáreas en el que se hizo una clara apuesta por las variedades foráneas. Así, predomina la uva syrah junto con las tintas cabernet sauvignon, merlot, cabernet franc y petit verdot, así como una uva blanca de origen francés llamada viognier.
En el lanzamiento del proyecto, Cortina ha contado con el asesoramiento del prestigioso profesor australiano Richard Smart, que ha ideado un viñedo en el que se aplican todos los medios necesarios para desarrollar una viticultura moderna de calidad, con sus complejos sistemas de conducción de viñedos, alta tecnología para controlar el estrés en las plantas y el riego.
En su conjunto, el equipo de Vallegarcía ha logrado sacar el mayor partido de estas viñas que, pese a su juventud, han dado ya unas primeras botellas de gran calidad. Entre los vinos que se comercializan se encuentra el famoso Vallegarcía Viognier blanco fermentado parcialmente en barrica de roble francés con una escasa producción que le hace ser un vino referente. También, los tintos Vallegarcía Syrah y Vallegarcía Cabernet Sauvignon Merlot como vinos sabrosos y de gran expresión frutal.