Durante la Edad Media, los viñedos prosperaron bajo la protección de los monasterios y en el siglo XVI ya ocupaban el 50% de la superficie de la provincia de Zaragoza. Estos vinos alcanzaron rápidamente una gran celebridad: a título anecdótico, con motivo de una visita de Felipe II se instaló una fuente de la que manaba vino.
Los controles sobre los viñedos comenzaron muy pronto, en 1694, cuando se les prohibió a los agricultores plantar nuevas vides.