La ciudad de Bullas que da nombre a la denominación ha existido desde la época romana y alcanzó una cierta importancia durante el predominio árabe. Después, tras la Reconquista en el siglo XIII, la zona prosperó gracias a la agricultura y los vinos que se elaboraban para su posterior comercialización.
A mediados del siglo XX, Bullas comenzó a proporcionar vino para el mercado a granel, hasta que a finales de la década de 1980, la bodegas comenzaron a invertir en la tecnología necesaria para elaborar vinos de calidad. Finalmente, la Denominación de Origen fue concedida en 1994.