La mayor parte del vino que se elabora en Navarra todavía se destina a un consumo temprano, como vinos sin crianza. La uva tinta destinada a los tradicionales rosados, en su mayoría Garnacha, se macera de 2 a 8 horas hasta conseguir la intensidad y tonalidad colorante deseada, para posteriormente obtener por sangrado, es decir, por gravedad sin intervención de medios mecánicos, los mostos de lágrima que serán sometidos a fermentación con temperaturas de 18 a 20º C.
Los vinos blancos se elaboran, normalmente, mediante la fermentación de los mostos en ausencia de los hollejos (la piel). Aún así, en la actualidad se está experimentando la realización de breves contactos antes de iniciar la fermentación para aumentar los aromas primarios.
Los tintos experimentan una completa fermentación durante un período de 12 a 16 días a temperaturas de 25-30ºC y con las uvas en total contacto con el hollejo.
Los vinos de Crianza y Reserva, están experimentando un considerable auge en los últimos años. Si hasta hace muy poco, solamente algunas de las más antiguas bodegas elaboraban vinos envejecidos en roble con una calidad superior, hoy día están aumentando en proporción al incremento de la plantación de uvas como Tempranillo, Merlot y Carbernet Sauvignon. Los vinos destinados al envejecimiento experimentan una completa fermentación maloláctica. Las normas sobre envejecimiento que rigen a los vinos de Navarra establecen que los barriles de roble no deben superar los 350 litros de capacidad, aunque la mayoría de las bodegas utilizan la tradicional barrica de 225 litros, recipiente que únicamente pueden utilizarse durante nueve años.
Los vinos dulces naturales procedentes de la uva Moscatel, a los que se agrega alcohol durante la fermentación, también pueden ser envejecidos. Deben pasar al menos 18 meses de los dos años mínimos permitidos en barriles de roble. La capacidad de los barriles pueden alcanzar los 650 litros.