La D.O. Ribera del Duero ampara vinos tintos y rosados. Los tintos deben contener al menos un 75% de Temparnillo (Tinto Fino o Tinta del País) y varían desde los jóvenes brillantes, frescos y muy afrutados a los más complejos Gran Reserva. A los dos años, los Crianza tienen una elegancia sutil y un aroma profundo. Sin embargo, estos vinos pueden mejorar aún más después de ese periodo.
Los mejores maduran más de diez años y en la década siguiente todavía mejoran aún. Muchos caldos se pueden beber jóvenes o tras sólo unos meses de envejecimiento.
Aunque la producción del tradicional rosado ha disminuido de forma importante respecto a las cantidades que se hacían hace 30 años, algunas bodegas de calidad lo están relanzando.
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