En 1872 se elaboraron las primeras botellas, en 1972 se constituye el Consejo Regulador de Vinos Espumosos y en 1993 el primer Consejo Regulador del Cava.

Protagonista indiscutible en celebraciones, su enorme versatilidad lo convierte en el vino ideal para el aperitivo o para acompañar las comidas. Puede ser brut, seco, semiseco o dulce, según la concentración de azúcar residual que tenga, y se acostumbra a servir en una copa de vidrio de tipo flauta completamente incolora para apreciar el recorrido de las burbujas.
Con una zona de producción que engloba 160 municipios catalanes, el cava se ha ganado un lugar en el mercado mundial.
Viajaremos en el tiempo para situarnos en el momento en que se comenzó a elaborar el cava en la comarca vinícola del Penedés -concentra más del 95% de la producción total-. Su origen está asociado al esplendor de la viticultura catalana de mediados del siglo XIX y la notoriedad del champagne a finales del siglo XVIII. El método tradicional o champenoise nació gracias a estudios de Louis Pasteur aplicados al vino que llevaron a controlar la segunda fermentación en botella, y al descubrimiento del tapón de corcho logrando que no se perdiesen las burbujas que se producen en el vino.

Durante el siglo XIX, varias familias de Sant Sadurní d'Anoia comienzan a investigar sobre una nueva técnica de elaboración y la aplican a los cultivos de la zona. A partir de dichos estudios y de ensayos que llevan a cabo, vinculados al reconocido
Instituto Catalán de Sant Isidre, se arriesgan optando por la variedad de uva blanca.
En el año 1872, Joseph Raventós, -de la legendaria casa
Codorniu- elabora las 3 mil primeras botellas de cava según el método tradicional de la segunda fermentación en botella. Su hijo y heredero, Manuel Raventós, inicia la expansión y consolidación de la casa. Al mismo tiempo, otros productores de la villa se inician en dicha elaboración y convierten Sant Sadurní d'Anoia en la capital neurálgica del cava. Durante la década de 1920, el cava gana fuerza en el mercado español
Sant Sadurní d'Anoia, capital del cava
Sant Sadurní d'Anoia, y por todo el Penedés, presenta paisajes surcados por las viñas que cubren gran parte del territorio. Las cavas o centros elaboradores de cava, bañan los campos y ofrecen a quien visita la zona la oportunidad de conocer desde dentro el proceso que sigue la uva desde que llega a la bodega hasta que se prensa, se deja reposar en la cava y se embotella.

En Sant Sadurní d'Anoia la visita a las cavas
Codorniu es obligada. Ubicadas en un edificio construido por el arquitecto modernista Puig i Cadafalch, y con 26 Km. de cavas subterráneas de las que sólo se abren al público una pequeña parte. Un tren turístico sigue el recorrido que incluye la visita a un museo con prensa, barriles y herramientas utilizadas durante la larga historia de la bodega.
Tampoco deben perderse otras bodegas de renombre como
Cava Blancher, bodega que data del año 1930 cuando Antoni Capdevila Pujol, adquiere en propiedad la finca Can Canjón y que después de replantar las viñas con nuevas variedades, en 1940 obtiene sus primeras botellas por método tradicional. O las archiconocidas
Freixenet, así como las
Torelló,
Raventós i Blanc o la
Gramona.

Destacar, que el Consorcio de Promoción Turística de L'Alt Penedés, propone rutas denominadas Rutas del vino y cava ofreciendo la posibilidad de visitar otras cavas de la comarca.
Las rutas pasan por campos de viñas, sobre todo de las variedades xarel-lo, parellada y macabeo, que son las que se utilizan para hacer cava, y también por varias bodegas de prestigio en las que, algunas de ellas, organizan visitas guiadas:
Bodegas Torres, en Villafranca del Penedés;
Alsina & Sardá, en Pla del Penedés;
Fincas Nadal, en Pla del Penedés; o
Giró Ribot, en Santa Fe del Penedés.
Con D.O. propia, el cava hoy es uno de los sectores de la viticultura catalana, con una producción que ha superado los 20 millones de botellas al año.
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